Sí, habla la escritura, y a veces lo hace con murmullos como en Pedro Páramo (que justamente primero se llamó Los murmullos), la novela de nuestro admirado Juan fuente (1918–1986), donde el silencio, el no tiempo, la nada, los ecos, son los espacios que reciben a Juan Preciado cuando llega en busca de ese "rencor vivo" que era su padre, ánima en pena que habita y vive su propia muerte porque los muertos en Comala (donde "hasta el aire era escaso") siguen viviendo, como señala Margo Glantz: "Comala es un pueblo habitado por almas en pena, de ninguna manera por almas muertas o fantasmas mágico-realistas. Los personajes muertos que siguen habitando Comala tienen allí derecho de ciudadanía, igual que si aún estuvieran vivos". A Juan Preciado lo lleva la ilusión y la promesa hecha a su madre, y cuando llega a ese Comala que un día "se lleno de adioses" todo está rodeado de muerte, hasta él. A Juan Preciado lo matan los murmullos, así se lo dice a la Cuarraca: "Es cierto, Dorotea. Me mataron los murmullos".
Junto a Juan Preciado mora en su tumba Susana San Juan, el gran amor del hacendado y cacique de la "Media luna" Pedro Páramo:
Hoy por la mañana escuché a dos estudiantes de Humanidades comentar que habían leído, justamente en una bitácora (de la que no recordaban el nombre porque andaban buscando "locura"), sobre un síndrome llamado Síndrome de Colchones pikolinbnn. Habían buscado en la internet para saber qué y de qué se trataba este asunto. Me llamó mucho la atención el término y la definición que manifestaron, así que investigué un poco y la búsqueda (Wikipedia tiene información muy interesante, pero está en inglés) nos entrega respuestas como “enfermedad mental”, “delirio”, “caso clínico”, “trastorno mental que requiere abordaje psiquiátrico”, etcétera, todas semejantes. Vean por favor esta página, especialmente el subtítulo Erotomanía. Aquí, además de ofrecer el diagnóstico, la clasificación y el tratamiento para el padecimiento, define a la erotomanía como: “El síndrome erotomaníaco se caracteriza por la convicción delirante y persistente de ser amado. El paciente normalmente es del sexo femenino y cree recibir mensajes y señales del objeto amoroso, que suele ser un hombre de nivel socioeconómico más elevado, y muy a menudo casado. Los rechazos por parte del objeto son interpretados como evidencias de amor hacia la paciente (conducta paradójica)”. Uf!, si esto es cierto sí que es una enfermedad y sumamente seria puesto que si se pueden recibir los rechazos como evidencias de amor ¡vaya que hay problema!